Romper un vaso es cuestión de segundos,de milésimas de segundos. No ves cómo va cayendo desde la mesa de madera del salón al suelo, no ves como una vez en el suelo, a causa del golpe, el vaso de divide en cientos de cristales mínimos.
Sin embargo, en algunas ocasiones, puedes ver como se rompe un corazón, éste también se divide después en cientos de cachitos,cada uno diferente, pero como con el vaso roto, cada uno de esos cachitos puede hacer que te lastimes al recogerlos, al intentar recomponer la figura entera. Y los que más duelen, son los que dejaste olvidados, los que no recogiste porque el cristal era tan fino y transparente que no se veía; y entonces, un día, caminas descalza por el suelo y zas!: tropiezas con él, y es cuando escuchas aquella canción que no recordabas desde hace años y te acuerdas de cuando os reías, de cuando sin querer, una mano rozaba la otra.